
Anoche estaba de bajón, había salido demasiado tarde de trabajar y mis planes se truncaron porque no pude llegar a tiempo al concierto al que iban a asistir mis amigos. Una mierda. Hasta que tuve llamada de mi comodín, Morgan.
-¿Qué haces esta noche?
-Nada
-¿Estás sola en casa?
-Si
-Pues eso hay que solucinarlo
Mi comodín, Morgan, es mi gran amigo. Nos conocemos desde hace cinco años, y nuestra gran amistad se basa en la confianza y en el sexo. Da igual que tengamos otras relaciones, nuestra amistad siempre está por encima. Vivimos en ciudades diferentes (a 100 km), pero solemos vernos una o dos veces al mes (en ocasiones, más, si podemos, claro)
Anoche fue una de esas noches. Él había venido a mi ciudad con unos amigos a pasar la noche y en una hora se pasaría por mi casa. Ducha rápida, pero el calor no cesaba. Decido no vestirme y lo espero con una toalla y el pelo húmedo. La espera se me hace eterna, y con sms le voy relatando el calor que tengo y que le estoy esperando desnuda, sólo para él. Con las ventanas abiertas, sobre el sofá de mi salón e iluminada por las farolas de la calle, comienzo a masturbarme pensando en su llegada inminente. Los pezones se me ponen erectos, una corriente eléctrica me eriza la piel desde la espalda y comienzo a gemir, deseosa de que llegue por fin. Sigo masturbándome y encadenando pequeños orgasmos cuando suena el m
móvil. Es él.
-siii??
-qué haces?
-Estoy preparándote el camino, cielo. Donde estás???
-en tu portal. Abreme ahora mismo.
Nada más traspasar el umbral de mi puerta, se echó hacia mí como un poseso. No soporta que empiece sin él y sin que él pueda observarlo. Mi única prenda, la toalla, quedó tirada en el suelo, mientras yo le iba arrancando la camiseta, los vaqueros y los boxer. Sabía que estaba húmeda, me notaba empapada tras mi avanzadilla individual, y él tenía una erección poderosa.
Después de morderme y pellizcarme los pezones, me abrió completamente y se lanzó, de cabeza, a la conquista de mi gran orgasmo. Siempre me ha encantado su técnica: suave pero incansable, con constantes cambios de ritmo. Mientras me mordía los labios mayores, antes de atacar directamente a mi clítoris, yo ya me retorcía pensando en lo que iba a llegar. Y entonces llegaron las revoluciones de su lengua, mis gemidos, sus manos apretando mis muslos mientras se afanaba más y más, yo retorciendo las sábanas con mis manos, encorvando mi columna como si me fuese a salir el alma por el pecho. Se terminan las percepciones, estoy en otro mundo, en un mundo superior, donde voy a estallar de puro placer. Y estallo. Vaya si estallo....
Sin tiempo para reponerme, me dispongo a pagarle con la misma moneda tremendo trabajo artístico y primoroso. Aún con la respiración acelerada, comienzo a besarlo por todo el cuerpo. Sé que le encanta cuando comienzo en el cuello y voy bajando, sin prisa pero sin pausa. Quiere relajarse pero no puede, sabe lo que va a llegar, y yo disfruto pensando en que ahora me tocará a mí tener las riendas sobre su locura.
La tiene durísima y muy, muy apetecible. Además, es uno de los mejor dotados que conozco, y a mí los ojos me comen mucho. Vamos, que me gustan grandes y gorditas. La cojo con mi mano, con mucha suavidad, y la froto, muy cerca de mis labios. Saco la lengua y le doy unos pequeños lametones a modo de preludio, mientras la sujeto con firmeza. Y entonces, con un rápido movimiento, me la introduzco en la boca, todo lo que puedo (es grande, lo reitero) y empiezo a chupar. Arriba y abajo, succionando al ritmo que me marcan sus gemidos. Me ayudo con una mano, que también utilizo para acariciar sus testículos y el perineo. Sigo chupando, con más fuerza, movimientos rápidos y rítmicos, sé que le vuelvo loco. Me agarra del pelo y mueve las caderas. Antes de volverlo loco del todo, que no interesa porque lo necesito más, me detengo en sus testículos y los lamo con pàsión. Me los introduzco en la boca y chupo con fuerza, como si los quisiese arrancar con mis labios. Con mi mano le sigo masturbando, pero entonces él decide intervenir y marca su ritmo con su mano, mientras yo saco mi lengua y el golpea suavemente con su glande en ella mientras se masturba.
Me pide que paremos, porque siguiendo así se terminará corriendo y no quiere. Siempre prefiere lucirse en el primero, porque su capacidad de recuperación deja bastante de desear. Prefiere uno único pero completo, que dos flojos. Y yo también, claro.
Después de tumbarme en la cama, húmeda por la excitación y por el sudor, vuelve a lamerme los pezones y me estruja las tetas. Parece un perro loco comiéndome el cuello y abarcando con sus manos todo lo que puede abarcar. El quiere que yo lo diga y no puedo resistirme, lo necesito ya, necesito sentirlo y se lo digo en un susurro a su oido: "Fóllame"
Y me folla. Mientras me empala, él encima y con mis piernas en sus hombros, noto que me llega hasta lo más profundo. Y él se recrea, combinando embestidas rápidas y fuertes con suaves y profundas mientras yo le pellizco los pezones loca de placer. Siempre que noto que estoy a punto de correrme, me gusta continuar encima. A horcajadas sobre su polla, articulo el ritmo que más me conviene y me dejo llevar por el inmenso placer que me da verlo a él disfrutando de mi cuerpo sobre él, dominándolo todo, mientras busco mi segundo orgasmo compartido. Sé que lo vuelvo loco porque comienza a darme pequeños azotes en el culo, como si fuese su potra desbocada. De nuevo siento la electricidad que abarca todo mi cuerpo y que me pone los pezones como dos canicas con la dureza del mármol. Y nuevamente me corro. Totalmente fuera de sí, y yo en estado de shock post orgásmico, me pone a cuatro patas. Es su postura fetiche para terminar, sobre todo cuando le susurro "fóllame como a una perra", una de mis frases favoritas. Estoy tan excitada y cansada que los brazos me tiemblan, pero sigo gozando sin límite entre sus embistes y sus cachetes en mi culo, que cuando no lo azota lo agarra con fuerza. A veces empuja con tanto vigor que me parece que me voy a dar contra el cabecero de la cama, pero no puedo dejar de disfrutar.
Inmediatamente, sale de mí para evitar correrse dentro. Y le pido que lo haga encima de mí, sobre mis tetas, mientras me las pellizco con una mano y me sigo masturbando con la otra, para terminar los dos juntos.
Pero esta vez, se me adelantó...